domingo, 10 de agosto de 2008

Darle una nueva oportunidad al amor


El temor al fracaso al iniciar una relación amorosa siempre está presente y mucho más cuando se ha tenido uno o más fracasos sentimentales. Tampoco resulta de gran ayuda el hecho de que tal vez aún sientan cierta ira o amargura hacia el amor en general por el dolor causado.
Una separación, un divorcio, o cualquier desengaño sentimental, puede marcar el destino amoroso de quienes los sufren. Apareciendo cada vez que da comienzo una nueva relación en forma de miedos y temores.
Una de las experiencias más dolorosas para cualquier ser humano es comprobar que ha dejado de ser amado por otra persona. Lo que equivale a decir que en algún plano de nuestra mente y nuestro espíritu sentimos que hemos dejado de existir, no sólo para el otro sino para nosotros mismos.
La realidad de saber que nos han dejado de amar, que ya no somos importantes para el otro, que nos han sido infieles o que ya no sienten lo mismo por nosotros, nos puede dejar sumidos en una sensación de abandono y vacío que es muy parecida a sentir que la vida no tiene sentido y hemos perdido la fe.
El vacío puede llegar a ser tan grande que muchos creemos que hay algo profundamente malo, errado y feo en nosotros mismos y no somos dignos de ser amados. También es grave la creencia que surge de que nadie puede querer, que nos convencemos de que ningún ser humano puede ni sabe amar, que el amor mismo es un engaño.
Pero muchas personas logran salir de este estado y de pronto se ven sonriendo e ilusionándose ante una nueva posibilidad de amar. ¿Qué pasó en el camino? Hubo un proceso en el que se transitó de la tristeza y la rabia a la depresión y la furia, para después colocarse en una posición de autoconciencia y es allí, posiblemente, donde la persona encuentra los elementos para salir adelante.

Darnos cuenta que pueden dejar de amarnos
Quizá sea el descubrimiento más doloroso pero también más liberador porque mientras estemos atados a la necesidad y la fantasía infantil que siempre nos van a amar, estaremos condenados a no poder soportar las decepciones y pérdidas.
Poder separarnosCuando uno logra separarse y se da cuenta que sigue vivo, empieza a tener una consciencia mayor de que no es tan vulnerable como pensaba y que puede seguir existiendo, aunque para la persona que antes amaba ya no sea así.

Renunciar a la omnipotencia
Esto implica tener la humildad de saber que no somos perfectos y que corremos el riesgo de dejar de ser amados. Pero si recordamos que de la misma manera como podemos dejar de ser amados podemos dejar de amar, la consciencia de esa experiencia nos ayuda a superar el vacío que nos ocupa.
Si nos permitimos trabajar en estas áreas, podemos reencontrar el equilibrio para saber que tenemos una vida propia, que no tenemos que gustarle a todo el mundo ni tienen que amarnos por siempre. Pero de igual manera podemos tener fé en nosotros mismos y en que otro ser humano querrá comprometerse con nosotros, siempre y cuando sea sea un acto de libertad y de amor, con el conocimiento que puede acabar.

¿Cómo afrontas la ira?


Uno de los sentimientos más difíciles de manejar para la mayoría de personas es la ira. Cuando algo nos ofende o nos amenaza, la reacción suele ser inmediata y fuerte. Suele tomar la forma de una contra-ofensiva o una contra-amenaza en una escalada que fácilmente se escapa del control.
Lo que gobierna esas reacciones es muy poderoso porque se trata de actos, en gran medida, reflejos, típico de las situaciones que se conocen como pelear o huir. Como son respuestas automáticas, suelen ser manejadas por creencias y hábitos profundamente arraigados en los que no suelen mediar otros sentimientos ni dan mucho tiempo para la reflexión.
Recientemente, la neurología ha descubierto que además del mecanismo casi reflejo de pelear o huir, existe otro tan natural como los anteriores que es el relacionado con el hecho de esperar, estar, comunicarse, conciliar y negociar, actividades que se dan de manera natural incluso en varias especies animales.
No es que la ira sea siempre negativa. Los padres ayudamos a nuestros hijos a reconocer y apreciar sus sentimientos de enojo e ira, y a modularlos en función a la situación real que se presente. Tal cual como hacemos con todos los sentimientos y emociones. Modular la reacción no es reprimirla, sino aprender a reconocer mejor cuándo la ira es oportuna, adecuada, proporcionada, y cuándo no. Lo que no es saludable es no darse tiempo para que medie ese procesamiento, esa mediación.
Quizás el peor error que podemos cometer los padres es volvernos intolerantes y violentos cuando aparece una reacción de ira en nuestros hijos o hijas. En casos así, es recomendable decirles: “entiendo que estás furioso, y puedo ver tus razones, pero tal vez deberías considerar tal o cual cosa, o intentar hablar de tal otra forma”.

Adictos al trabajo

Además de ser una necesidad, el trabajo es un valor en nuestra sociedad. Si somos personas elementalmente saludables nuestro quehacer laboral nos dignifica y nos ayuda a desarrollar lo mejor de nosotros.
Sin embargo, en nuestro trabajo también recaen muchos rasgos de nuestra personalidad y a veces éste se puede convertir en una adicción que llena algún espacio vacío de nuestra vida.
Muchas personas centran su vida en el trabajo convirtiéndolo en el eje de sentido de sus vidas. Le dedican tanto tiempo que los otros aspectos personales, quehaceres y obligaciones pasan a un segundo plano. Se vuelven tan dependientes que sus relaciones sociales desaparecen o las limitan a personas relacionadas con su vida laboral.
Su vida familiar también queda afectada por su falta de atención y dedicación. Siendo en muchos casos fuente de separaciones y sentimientos de abandono por parte de los miembros de su familia.
El problema de esta situación es que ni ellos ni quienes les rodean son conscientes de que sufren una enfermedad adictiva. Es una adicción encubierta porque en la actualidad el hecho de trabajar muchas horas –hasta llegar incluso al agotamiento- se ha transformado en un valor. En apariencia no se hace daño a nadie, por el contrario todos piensan que el objetivo de esa entrega total es la de obtener logros en beneficio personal y familiar.
Algunos indicadores que nos pueden poner en alerta:
1. Son personas que buscan un reconocimiento social y autoafirmarse con su trabajo, necesitan sentir que tienen el control.2. Utilizan el trabajo como refugio para escapar de otros problemas y pueden pasar horas y horas en ese escape.3. Su vida profesional y laboral empieza a ser motivo de sufrimiento y repercute negativamente en su vida familiar al trabajar fuera de hora, fines de semana o en vacaciones.4. Suelen llevarse trabajo a casa y no desconectan el celular del trabajo por si lo necesitan.5. Son personas que desarrollan enfermedades cardiovasculares, gástricas, hipertensión, musculares y ansiedad.6. Esta adicción, puede ir acompañada de otras, como por ejemplo el uso de drogas o psicofármacos para aumentar el rendimiento laboral y suplir la falta de sueño y cansancio.

¿Confías en tu pareja?

Cuando una pareja se funda, la confianza surge como por arte de magia, vale decir uno se puede sentir tan seguro del otro y de sí mismo que da por sentado que el otro nunca le fallará, que todo será perfecto y que ambos se complacerán eternamente, Sin embargo, conforme pasa el tiempo la pareja se da cuenta que siempre queda un espacio que el otro no puede llenar y en muchos casos esto es vivido y sentido como traición. En otros casos, se idealiza tanto a la persona amada y a uno mismo que cuando se quiebra esa idealización, se vive una sensación de falla y muchas veces rompe la confianza. Existen personas que tienen motivos para desconfiar y ese no es el problema sino el hecho de quedarse en el lugar de la duda, sin resolverla y sufriendo de una manera que solo destruye a uno mismo. La confianza es una virtud y una posición emocional entre dos seres humanos que depende de ambos: del que tiene la capacidad de confiar y a la vez del que es digno de esta confianza. Si estas dos vertientes o una de ellas está herida, la seguridad se rompe incluso con el pensamiento. Lo más común es que las parejas se quejen de haber perdido la confianza luego de una infidelidad y esto es absolutamente justificable. Sin embargo, no quiere decir que no se puede recomponer la fe en la relación. Pero como mencioné anteriormente, muchas personas deciden quedarse en ese espacio de la desconfianza y del castigo permanente, encontrando allí placer y sentido en sus vidas. Es fundamental que ambos actúen de acuerdo a lo que se proponen: recobrar la confianza, sin esperar a que la seguridad y el amor renazcan. Estos surgirán poco a poco, siempre y cuando ambos se comprometan en la tarea de trabajar para recobrarla. Pero tan importante como esperar a que el otro dé señales de ser confiable, es que uno mismo pueda nutrir su cualidad de confiar nuevamente aunque sea consciente que el riesgo existe

sábado, 2 de agosto de 2008